lunes, 13 de marzo de 2017

De: SV
Fecha: Miércoles 15 de septiembre, 06:15 PM
Para: XW
Asunto: Una propuesta

Hola, XW:
Te vi entrar en el locutorio con tu mochila negra marcada
con esas letras. ¿Quién puede llamarse XW? ¿Serán
las iniciales de un nombre?
Me pregunté esas y un montón de cosas más, mientras
te espiaba por el reflejo de la pantalla (ya que ahí
nomas dejé de copiar los datos para un trabajo de Literatura
del colegio y empecé a mirarte de reojo). Sos lindo
y me caíste simpático; hasta me gustaron los rulos
castaños que te caían sobre la frente, y que vos, enfurecido,
tratabas de apartar con la mano y no podías. Me
gustó tu mirada fija en la pantalla (creo que tenes los
ojos claros) y me hizo gracia que, por ser tan alto y tan
flaco, te costara acomodar las piernas debajo del escritorio.
¡Qué forma de teclear en la computadora! Parecía
que le querías sacar chispas. ¿Estabas enojado, XW?



Mensaje 1

Por eso, cuando te paraste y fuiste a hablar con el
malhumorado de la mesa de entrada (le pedías algo
que él no encontraba, y supuse que era una birome),
me incliné con disimulo y espié el  e-mail que estabas escribiendo. 
Soy rápida y tengo buena vista; me bastó
una ojeada para ver y memorizar tu dirección, todo al
mismo tiempo. Por suerte, tardabas en volver; el malhumorado
probó varias hasta darte una birome que sirviera. 
Todavía no estás de vuelta, XW (vi que decidiste
ir al baño), mientras yo, muy concentrada, te escribo
este mensaje.

¡Pará! No te hagas ninguna película, que no soy ni
muy linda ni muy simpática, y en tres meses cumplo
quince. Soy una chica común y corriente que quiere
ser tu amiga virtual. Te propongo que nos mandemos
mensajes una o dos veces por semana porque… me
gustaste como amigo. A veces me siento un poco aburrida
y solitaria. ¿A vos no te pasa lo mismo, XW? Sí, ya
sé que todos los chicos de nuestra edad chatean, pero
no es lo mismo. En el chat me pongo nerviosa, escribo
mal, contesto cualquier pavada. Y yo siempre fui de
escribir cartas, desde chiquita.

No, a mí me gustaría que cada uno pudiera contarle
al otro lo que quisiera con tiempo, y sin tener nunca
que avergonzarse de algo que confesó ni verle la cara
cuando se lo cuenta o después enterarse de que se lo
repitió a medio mundo (como hacen más de la mitad
de mis compañeras).

Ya sé lo que vas a decir: “¡Qué viva, ya me conoces
y yo no!”. Y sí, tengo esa ventaja: te vi primero. ¡Eso te
pasa por no darte cuenta de que yo estaba en la computadora
de al lado! Bueno… la cosa viene así: ¿queréis que
nos mandemos mensajes por correo electrónico? Si estás
dispuesto, mis reglas son: no nos conoceremos nunca,
ni de nombre, y cada uno podrá escribir lo que tenga
ganas sin necesidad de mentir (total… no sabremos jamás
quiénes somos). Ah, ¡no se te ocurra preguntarle al
“malhumorado de la mesa de entrada”!, porque, a partir
de hoy, me cambio de locutorio; además, no soy del barrio
y es la primera vez que vengo a este telecentro.

Tampoco te des vuelta ahora para mirar a la chica
de la máquina de al lado. Sería un chasco total, ya que
se la dejo a una señora. No me vas a encontrar, por la
sencilla razón de que, apenas mande este mensaje, me
habré esfumado (tuve la astucia de pagar por adelantado)
y saldré antes de que hayas tenido tiempo de
acomodarte en tu asiento (eso te pasa por ser tan alto;
yo apenas llego al metro sesenta).

Si tenes ganas de que seamos amigos anónimos y
charlemos de nuestras cosas, escribirme a:
secretísima@virtual.com